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Reflexiones pólíticas entre Jutsus y Harakiri: la concepción del hombre en Naruto Shippuden

 


Cada vez más personas, de diferentes edades y estratos sociales se deciden a la hora de sentarse a ver una película o serie por la animación japonesa. Percibo que estamos ante una re-valorización de la cultura nipona, principalmente de su variante referente al anime. Mi infancia estuvo acompañada por sagas que hoy son consideradas clásicas, como Dragon Ball Z, Los Caballeros del Zodiaco o Gundam Wing. Un espacio tenia el anime japones en la parrilla de la televisión local. Canal 11 fue el visionario en gestar el primer paso hacia una cultura otaku que se fue difuminando con el pasar de los años. Hasta ahora.

Parece que este giro hacia el anime no es solo en nuestro país, de hecho, existe una plataforma de streaming dedicada exclusivamente a este tipo de contenido. Aparecieron otros títulos y otras sagas que dan mucho mas que hablar en las redes sociales que en mi soleado patio del colegio. Entre las variadas series de anime que han ganado terreno en la conciencia colectiva se encuentra Naruto y compañía. En esta oportunidad quiero hablar de la segunda parte de la serie titulada Naruto Shippuden, y mas específicamente, del desarrollo de su temporada 2.

No voy a negar que la serie es buena, tiene la característica de engancharte a ver otro y otro capítulo. Podría ser mejor, por supuesto, si no tuviera tanto relleno que en ocasiones hace latera la espera por la acción y los momentos tensos que entrega la saga. La premisa de la temporada 2 en cuestión es simple, el equipo de Naruto debe ir al encuentro con un espía, donde se aparece Orochimaru, el malo. Hay un enfrentamiento. Un infiltrado que forma parte de una facción radical de la aldea de Naruto le da un giro interesante a la serie. Todo finaliza con el desencuentro con Sasuke, que ahora es malo y solo quiere vengarse de su hermano sin importarle lo que sientan sus amigos por él.

El líder de la facción radical de la “aldea oculta de la hoja” se llama Danzo, quien es el maestro de Sai, el infiltrado en el equipo protagonista. Estos dos personajes son dignos de una reflexión que vaya más allá del argumento explicito de la serie. Lo primero que quiero mencionar, es que Danzo me recuerda de sobremanera al escritor de extrema derecha japones Yukio Mishima. No solo tiene que ver con una estética, que la hay, sino por sobre todo en su posición dentro de la serie. Para Mishima Japón estaba en un camino hacia la decadencia donde se difuminaban los valores tradicionales del país oriental. Relacionado con el fascismo, el autor de “Confesiones de una Máscara” era un claro activista por un retorno a los principios que regían a Japón en la época feudal. Una revalorización de la idea de Imperio, por sobre adquirir y asimilar los valores y objetos de la cultura occidental. Si buscamos la raíz central de su pensamiento, el escritor estaba muy ligado al paradigma de los samuráis, herencia de su abuela quien lo educo con los principios tradicionales de los guerreros con Katana. Tanto así, que el día 25 de noviembre de 1970, luego de ocupar un cuartel del ejército con miembros de su grupo nacionalista Tatenokai, se suicida. Su muerte fue ritualizada en el Seppuku, ceremonia final que incluye el Harakiri, herida abdominal autoinfligida por Mishima, y que finaliza con su decapitación por parte de un asistente del ritual.

Danzo al igual que Mishima, tienen su propia facción radical, La Raíz, la cual se encuentra en decadencia. En palabras de la actual Hokage (máximo cargo político) Tsunade, el líder de La Raíz quiere que Konoha (la aldea) vuelva a ser lo que fue, un esplendor roído, como un espectro al que no se les permitido el eterno descanso. Para Danzo no deberían formarse alianzas con otras aldeas sino mas bien, dominarlas. No es un promotor de la paz y las relaciones internacionales, sino mas bien, todo lo contrario. No considero que sea al azar que la máxima líder política en la segunda temporada sea Tsunade, una mujer, quien relata que percibe el profundo desprecio que siente Danzo por ella.

Por otra parte, Sai quien es el infiltrado por Danzo en el equipo de Naruto tiene una personalidad e ideas que también llaman a la relación con lo comentado mas arriba. Según Sai, el no tiene un nombre, una identidad, no es nadie. Siguiendo los principios de la facción La Raíz, lo importante no es lo que sea Sai, sino lo que deba hacer. No hay espacio para los sentimientos ni pensamientos personales, él es una herramienta, un arma, de hecho, es explícitamente un nexo, para los fines y propósitos de Danzo. De cierta manera, Sai representa el aparato burocrático de una ideología fascista de masas, donde desaparece y solo toma relevancia en función de su participación para una causa mayor. Esto queda patente en el capitulo 19 de la temporada 2, cuando el mismo Sai señala que él solo seguía órdenes y que a partir de ese momento, comenzara a pensar por si mismo. Como un despertar del sueño fascista, Sai decide liberarse y aparecer como sujeto mas que por sobre un objeto.

Para finalizar, el encuentro entre Naruto y Sasuke, dos mejores amigos que van en una dirección hacia el enfrentamiento directo, son una representación de dos formas de entender la naturaleza misma del ser humano. Por un lado, tenemos a Sasuke, el “homo homini lupus”. El lobo del hombre, un personaje que es llevado a un estado natural donde busca una lucha continua con su prójimo, dominado por las pasiones y los intereses personales. Si debo hacerme uno con Orochimaru para asesinar a mi hermano, que así sea. Maquiavelo en su máxima expresión. Por otro lado, se encuentra Naruto, ilustrando en su actuar la concepción de Rousseau sobre la naturaleza del hombre. Las personas son bondadosas, aunque algunos lleven un zorro de nueve colas o sean nombrados el lobo del hombre. Su naturaleza es de bondad y la búsqueda del bien común por sobre los intereses particulares. Un enfrentamiento crucial. Que ni en la pantalla ni en las ideas, ha tenido un claro vencedor.

Matías Martínez Morales, 12 de enero 2021 

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