El año que estamos comenzando no pinta muy bien que digamos. Nuestros
números frente a la pandemia están empeorando y las medidas restrictivas van en
claro aumento con el fin de bajar las tasas de contagio actuales. Este contexto
coincidente con el verano y los meses de vacaciones parece un epilogo a lo
menos cruel de la telenovela que vivimos el año pasado. Las opciones de capear
el calor son escasas, los horarios de circulación están restringidos por un
toque de queda que para aquellos que andamos en transporte público, empieza
mucho antes de las 10 de la noche.
Las posibilidades son pocas y se hace bastante común el
ventilador al frente, un par de cervezas y las letras rojas sobre un fondo
negro en la pantalla del televisor. Las plataformas de streaming se han convertido
para muchos en el soporte recreativo de estas vacaciones en pandemia y el tema
de conversación de los escasos encuentros del tercer tipo.
Me tengo que sincerar primero, mucho antes del inicio de
la pandemia ya le dedicaba gran parte de mi vida a ver películas, mas que
series la verdad. Panorama fijo su película buena con el volumen alto, luces
apagadas, quesito y un combinado. Las plataformas streaming hicieron más fácil el
poder disponer de diferentes obras en nuestros tiempos actuales. Siento que
Netflix y compañía de cierta manera tienen algo de lo que fue Blockbuster y compañía.
Como que llegaron a cubrir un espacio que estaba ahí, como un fantasma, que recorría
nuestras necesidades sin que nosotros pudiéramos saberlo. Por eso fue rápida su
incorporación por nosotros como sociedad, porque había una memoria histórica que
nos remitía a esos estantes repletos de películas VHS, muchas de dudosa
procedencia.
La lectura tampoco ha estado ausente de este periodo de vida
tan raro y aislado. Quizás acá debería hablar de libros de esperanza, superación
o autoayuda pero la verdad, quiero hablarles de “La Peste”. Un libro que sentí
necesario para el momento que vivimos y motivado siempre por una admiración
hacia las ideas de Albert Camus. No voy a relatar de que se trata (el nombre ya
te dice para donde va esto) ni hare un análisis extensivo de la obra. Que no es
muy entretenida que digamos, pero si contiene mucha reflexión. Me quiero
detener en un aspecto de la obra, quizás no tan importante pero que me hizo
click con lo que estaba viendo durante mis tardes de películas.
En “La Peste” Camus hace referencia y utiliza el concepto del
héroe, claro que desde una interesante perspectiva. Para el existencialista el heroísmo
es “gente corriente que hace cosas extraordinarias por simple decencia”.
Me pareció increíble. Agreguemos que, en este sentido, el héroe no guarda
relación con un origen, un poder, una particularidad personal, una diferencia,
sino más bien, con una posición ética. Acá Albert Camus lo que hace es situar
la responsabilidad moral del individuo en el fondo de todas las opciones públicas.
Me pregunte que hubiera pasado si Albert Camus hubiera visto la
construcción cinematográfica del Universo Marvel. ¿Consideraría que los “Avengers”
asumen una responsabilidad moral que delimita las opciones públicas de acción? Esta
pregunta al menos es respondida de manera sarcástica con “The Boys” y la nula decencia
de aquellos que no son gente corriente. Respecto a Tony Stark y compañía, es un
debate importante en “Civil War” pero que en la película misma, no pone en
cuestionamiento su posición de superhéroes.
Si vemos el arquetipo
de superhéroe actual del cine podremos notar que la mirada de Camus, necesaria
y desafiante se encuentra lejos de lo que entendemos como héroes del cine. Ahora bien, si el escritor estuviera aquí ¿Qué
película le recomendaría? Con esta nueva mirada ¿Qué personaje de ficción
del cine puede ser considerado un héroe bajo el prisma de Camus? Al menos yo
tengo dos. Ambas mujeres. Primero, “Nawal Marwan” de “Incendies” (el perdón
como máximo poder) y “Lisbeth” de “La Chica del Dragon Tatuado”, personaje de
la literatura llevado al cine. Una especie de Batman, política, radical y sin “el
poder económico” de Bruce, pero con un fuerte sentido de justicia y verdad.
Quizás estas tardes-noches caseras de cine no se vean muy
productivas, quizás efectivamente no pueden compararse a pasear por las calles durante
el agradable verano-nocturno, pero siempre una película, una experiencia, una
canción o un libro, pueden dialogar y acompañarnos mientras se derriten los
hielos de la piscola.
Matías Martínez Morales, 11 de enero 2020

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