El pasado fin de semana se
realizo un proceso electoral que sacude los cimientos de la estructura política
tradicional. Cuatro papeletas, poca capacitación social, desinformación, desconfianzas
en el proceso y un escenario en extremo desigual para las candidaturas
independientes fueron los antecedentes para el histórico proceso. La televisión
que a pesar de ser un espacio que hoy muestra pequeños destellos de humanidad,
no dejo de lado su fiel papel de vitrina electoral de los rostros de los
partidos políticos, tradicionales y no tradicionales. La radio no escapaba del
bombardeo mediático, con canciones pegajosas y repetitivas, similares a las técnicas
de Mugatu sobre Derek Zoolander para convertirlo en un asesino en el lejano año
2001
A pesar de que el escenario se veía
muy desalentador, un tremendo número de personas de diferentes orientaciones, propósitos
y realidades políticas alejadas de los partidos decidieron participar y ser
parte del proceso. Algunos levantaron plataformas de información y otros
construyeron espacios virtuales de conversación para dar a conocer las
propuestas de aquellos sin minutos en los canales de comunicación tradicionales.
La calle seguía activa, escaramuzas y barricadas esporádicas. Territorios populares
organizados y asediados. En Villa Francia eran acosados en plena pandemia mientras
vecinos y vecinas gestionaban recursos para dar respuesta al hambre que se
expandía como la segunda pandemia de los pobres. Acciones políticas. Escenarios
de conflicto y organización. Propósitos similares con métodos disimiles.
Entre las múltiples organizaciones
sociales que parten con el estallido social y el cambio constitucional muchas
van a buscar competir y posicionarse dentro de la convención constituyente. Diferentes
listas compartían algo en común. “No queremos cupos en los partidos políticos”,“
somos independientes”. Desde diferentes posiciones políticas, al parecer medianamente
cercanas, apelando a su identidad indígena o apostando su capital político no
tradicional. Los y las independientes con todo en contra decidieron entrar a la
competencia electoral. Entre la diversidad de propuestas destaca “La Lista del
Pueblo” que tuvo como propósito el ganar escaños dentro de la convención
constitucional y posicionar ahí a personas comunes y corrientes. Sin minutos en
el matinal. Sin apellidos y títulos rimbombantes. Con esto no quiero decir que
sea la única que destaque, sino que, responde a una lógica en común de algunos
conglomerados independientes de recuperar la política y repolitizar al sujeto
común y corriente.
Con una galaxia de listas,
nombres y propuestas políticas “de izquierda” (entendida en su mas amplio
concepto y a la vez, no tan amplio) la derecha cerro filas y unifico sus
fuerzas. Construyeron las reglas a favor de los partidos políticos y
concentraron sus opciones electorales en un bloque neoliberal-conservador-autoritario.
Los recursos llegaron como un rio incontrolable de billetes que parecen salir
de un mundo sin coronavirus. Acá los análisis eran simples pero consistentes.
El voto de izquierda se iba a dispersar de tal manera, que la concentración electoral
de la derecha, aunque sea minoría, destacara frente a la atomización del voto
contrario. Muchas caras, muchas listas, pocos porcentajes vs las mismas caras,
una misma lista y un porcentaje mayor por dicha concentración. La receta parecía
infalible, los independientes habían dispersado el poder como una rebeldía hacia
la praxis política común y a decir verdad, pensar en los posibles resultados de
la apuesta carcomía las confianzas y debilitaba la moral.
Creo que la escena cinéfila que
representa de manera efectiva lo sucedido el domingo en la noche con la entrega
de resultados es sin lugar a duda, el ascensor de “The Shining” abriéndose y
desatando un caudal sangriento que se dispara violentamente por el Hotel
Overlook. Tal cual sucedió. Los independientes arrasaron y los partidos políticos
tradicionales perdieron. Se cayeron los pronósticos. Se queda fuera Francisco
Reyes y entra la Tía Pikachu. De nuevo brotan los repetitivos que no lo vieron
venir.
Después de ver tanto meme sobre
el Unimarx y el próximo festival de viña del Marx, cabe preguntarse, ¿Cómo es
posible que la formula de la derecha fracasara? Diferentes respuestas y diagnósticos
ya circulan entre los paneles de expertos y las columnas de opinión. Desde la
reflexión prematura quiero traer al estrado al interesante antropólogo Pierre
Clastres para repensar lo sucedido el fin de semana. En un pequeño pero esclarecedor
texto titulado “Arqueología de la violencia” el autor francés se refiere a las
sociedades primitivas y en particular a su relación con el uso de la violencia
y la guerra. Para Clastres las sociedades primitivas son indivisas. No tienen
producción de excedentes y por lo tanto tampoco desigualdad y explotación. Son
un total y a la vez una unidad. Dicho esto, viene la idea mas estimulante del
libro, la dispersión de estas sociedades primitivas no son lo que produce la
guerra si no al contrario. Las sociedades primitivas utilizan la guerra y la
violencia para lograr dicha dispersión. Como una fuerza centrifuga que produce
una exterioridad, las sociedades primitivas practican la guerra para mantener
su independencia y aislamiento, resistiendo el agrupamiento y consigo, según el
antropólogo, la formación del Estado y su concentración del poder.
Tomando las reflexiones del
anarquista francés la dispersión del fin de semana pasado resultó ser nuestro
mecanismo de defensa frente a la concentración del poder. Si extrapolamos lo
relatado, el hecho de que se genere una dispersión y una diversidad de
propuestas, las cuales no se encuentran alineadas a un tronco común parecen ser
la respuesta que tanto buscamos para cooptar y entrar con legitimidad a los
espacios de la política estructural. La pócima no seria, por lo tanto, el
alinear a las fuerzas de izquierda bajo una bandera en común, sino todo lo
contrario. Entregar un abanico de posibilidades independientes y diferentes
entre sí, fragmentando y diversificando el poder. En la diferencia se encuentra
la unidad y eso no lo pronosticaba nadie.
Por otra parte, este proceso
electoral trajo consigo un conflicto ideológico-social que se manifestó de
manera subterránea, digital y silenciosa. Aún con todos los cambios y nuevos
rostros que aparecen, la participación de un gran porcentaje del padrón
electoral sigue siendo una realidad inalcanzable. Los llamados a votar y
participar se multiplicaron con infografías y argumentos desde distintas plataformas
y hacia distintos objetivos. Aparecieron los cuestionamientos sobre aquellos
que mas que ser representados, son caricaturizados sobre la frase “Yo no voto,
me organizo”. En una disputa interna, se fracturo el cuerpo social en función
de participar o no en el proceso electoral. No voy a ahondar en los argumentos
pro y contra de cada opción sino mas bien, me parece necesario constatar que
mientas no se abran nuevos espacios democráticos resulta imposible el avanzar
hacia una mayor adhesión. La democracia no puede ser reducida a una consulta enmarcada
en un periodo y sobre ciertos cargos en particular. La ciudadanía y por sobre
todo, aquellos que gestionan espacios de organización popular, lo hacen desde
una crítica hacia la democracia tradicional, esa que por el momento, me parece
innecesario defender. Con esto quiero decir, que antes del fuego cruzado,
debemos observar el campo de tiro y reformular los espacios de participación
para así, posicionarse desde una democracia mas real y efectiva, sustentada en principios
y decisiones colectivas.
Por ahora nos queda seguir
pensando los resultados y posibles escenarios políticos futuros. Sobre la
disyuntiva votar o no votar y decisiones de apoyo mutuo quiero graficar mi
posición con una escena de la inigualable serie “The Office”. En el capítulo
titulado “China” de la temporada siete Dwight y Pam discuten sobre las
condiciones del edificio donde trabajan, siendo el primero el mas aventajado en
la pelea. A pesar de su posición favorable, en un momento del capítulo Dwight escucha,
sin ser descubierto, que Pam está llena de temores por fallar y fracasar en su
trabajo. Dejando de lado su posición y propio beneficio, Dwight le pide a su asistente
que le enseñe a Pam como derrotarlo a través de un libro de leyes. Finaliza
señalando que no lo motiva la compasión, mientras observa sonriente la
felicidad victoriosa de Pam. Creo que a veces podemos ser Dwight y a veces
podemos ser Pam. Y en el lugar en el que estemos podemos decidir ayudar al otro
a ganar sus batallas. Quizás en la calle, en la organización o finalmente, en
las urnas.
· * El capítulo de The Office “China” se encuentra
en Youtube con subtítulos en español.
Matías Martínez Morales, 19 de Mayo del 2021

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