El triunfo del capital es radical, incesante
y resulta por momentos devastador. La lógica del consumo permea todos los
espacios del habitar. Desde los dispositivos portátiles nos conectamos a una global
red de consumo, donde monitoreamos lo que el mercado quiere mostrarnos y nosotros
leer. Durante el siglo XX los Estado – nación utilizaban diferentes dispositivos
y mecanismos para el control y monitoreo de los sujetos vistos como objetivos.
Hoy las redes sociales nos permiten, en sincronía con este capitalismo mediático,
validarnos desde el consumo. Fotos de viajes, de comida, de idas al cine, de
fiestas en Discoteque. Videos y Reel que desde una música sintetizada muestran
una cara feliz de nuestra vida de consumo. Entregamos ubicación, gustos y nos auto
monitoreamos compartiendo información privilegiada en tiempo real.
Me encanta la música urbana. Crecí en
Pudahuel y el reggaetón pego fuerte por esos territorios. Años después de esos
tiempos la escena es nacional y los exponentes del género son jóvenes de
nuestro país. No quiero sonar como moralista ni menos un agente de la censura,
sino mas bien, desde mi perspectiva, entender las consecuencias que genera el
contenido de ciertas canciones de la música urbana. La ostentación y el consumo
como validación suprema en la vida. Los niños y las niñas quieren un Roll
Royce. ¿Cómo es posible eso? Es extraña esta sensación. Se supone que nuestros
tiempos tendíamos a ser mas homogéneos que ahora. Es decir, que hoy se supone
que prima la diversidad y hay mayores expresiones identitarias entre los jóvenes.
La extrañeza es que mas que nunca veo una juventud homogénea. Mismos patrones
musicales, mismos patrones de consumo, mismos sueños rentistas y cortoplacistas
del dinero como amor eterno. No es que sea un idealista, entiendo que el dinero
y el capital controlan profundamente las raíces de este sistema quimérico y cancerígeno.
Lo que me perturba profundamente es que los niños en su proceso de formación se
encuentren tan expuestos a las lógicas de consumo. No solo son las
ostentaciones liricas, mujeres en hoteles, ropa de marca, autos lujosos,
relojes caros, objetos y gustos meramente superficiales y relacionados con los
patrones de consumo que ostenta la clase alta.
La música, los comerciales que nos
invitan a ser felices comprando. Siempre nos falta algo, siempre estamos
equivocados en nuestra decisión de ahorro. Es interesante el poco apoyo al
ahorro como política ciudadana nacional. Por sobre todo el consumo. Quieres
apoyar a la Teletón, pues compra. Ya no necesitas solo ir al Mall, los espacios
públicos se han convertido en mercados de toldo azul, donde más allá de la
validez del mercado informal, operan lógicas del capital que desbordan lo que
entendemos como espacio público. Levanta la cabeza y el shopping se forma parte
del paisaje cotidiano.
Todo este proceso va de la mano con
la aceleración de la vida. Los videos cortos. El Tik-tok, Los Reel, la extensión
del Twitter. La idea es acortar. Mientras mas corto mejor. La atención se reduce.
La ansiedad aumenta. Le ponemos velocidad a los audios y el problema salta
cuando en la vida real, nuestra ansiedad nos liquida frente a una persona que
nos relata al ritmo de la humanidad su interesante situación o recuerdo. El
consumo nos tiene corriendo. Nos reduce los tiempos de atención. Mercantiliza
todos los espacios, capitaliza a los menores de edad de una manera asqueante.
Los resultados que se esperan son el
individualismo radicalizado, la búsqueda incesante de caminos rápidos para
obtener ganancias económicas. La perdida de habilidades cognitivas por la
sobreexposición a los dispositivos digitales. También podríamos decir el
sobreendeudamiento y la depredación del medio producto de la maquinaria consumista
levantada como motor de desarrollo. Podríamos agregar los padecimientos
generalizados referentes a la ansiedad, cuadros de estrés, crisis de pánico,
burnout, depresión, pensamientos suicidas, sensación de fracaso, inestabilidad
emocional, egocentrismo y ambición, entre otras consecuencias. Es decir, no
solo vamos camino a la destrucción del medio ambiente y todo lo que eso
conlleva para el corazón humano que contempla herido el panorama que se avecina.
Sino que a la destrucción de una manera de entender el ser humano. Dentro de
nuestra derrota considerábamos que al menos habían patrones comunes del entendimiento
en comunidad que se compartían globalmente. Hoy dichos acuerdos están extinguiéndose.
El espacio publico cede sobre el privado. La riqueza se concentra y por, sobre
todo, la vida se empobrece. No en el sentido material evidentemente, sino mas
bien, en el sentido ancestral, natural y humano de la existencia.

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