Un momento culmine de la historia
de cine chileno es sin lugar a dudas, la escena de la pelicula Machica, donde el padre McEnroe posterior
a la toma de control de la escuela Saint Patrick por parte de los militares, se
come las ostias y apaga la luz de la capilla. La tensión se agudiza con una línea
icónica que tiene tanto sentido en estos días: “dios ya no esta aquí”.
A 50 años de la conmemoración del
inicio de una etapa de terror y trauma único en la historia nacional hay
señales que está entregando el aparato institucional que apuntan hacia la
extensión de las heridas abiertas y cicatrices de nuestra sociedad. El punto
culmine, pero lamentablemente no final de la escalada de declaraciones,
intenciones y posturas la pone la diputada Gloria Naveillan, quien tilda la
violencia sexual hacia las mujeres en la dictadura cívico-militar como “una
leyenda urbana”. Su argumentación para esta aseveración tan radical no es un
corpus investigativo y teórico revisionista que rompe con un relato constituido,
sino algo mucho mas simple. La diputada duda, y desde ahí, relativiza. Ella señala
que no han sido probadas, que no fueron sistemáticos por el simple hecho de
que, “no lo cree”. Para no verse como una representante popular con una clara misoginia,
arremete como una portadora de aquellas mujeres que no tienen voz, que no se
les rinde homenaje, que no forman parte de la memoria como victimas o números,
quien sabe, que posibilitan levantar una postura del empate de horror y
violencia estatal. En sus redes sociales la parlamentaria habla y porta una fotografía
de Antonieta Macchi Bonadey. Señala que fue violada por un comando de izquierda
que se tomo su fundo, que con violencia la ultrajaron entre todos. Que se
hicieron un festín en su casa. El registro no solo queda en la red social, utiliza
la palabra en el hemiciclo para hablar de Antonieta, claro que esta vez omite
la parte de la violación.
La verdad de los hechos dista
mucho de la versión de la diputada. Efectivamente la agricultora Antonieta
Macchi ingirió una cantidad excesiva de barbitúricos con los cuales se quita la
vida y si, efectivamente su fundo es tomado durante el año 1970. Lo que no
coincide con la versión de la parlamentaria es la violencia que relata. Es más,
tanto El Mercurio, El Correo de Valdivia y El Llanquihue, todos diarios de la época,
señalan que la ocupación del fundo de la fallecida se realizó sin violencia. De
hecho, no hay documentación existente que pueda ligar a las personas que
realizaron la toma con algún movimiento radical de izquierda de la época. La asociación
la realiza el fundador del Partido Nacional y senador de 1972 Mario Arnello,
sin mayores evidencias ni fuentes. En consecuencia, el intento de empate, de visibilizar
lo invisible o mas bien, de responder a Carmen Hertz quien porta una foto de su
marido Carlos Berger quien fue torturado y ejecutado durante la dictadura
carece de argumentaciones solidas. Por otro lado, el hablar de ejecutados,
torturados y detenidos desaparecidos durante el regimen dictatorial presenta una documentación que avala esta
afirmación, como también avalan que cerca del 90% de las mujeres que fueron víctimas
de tortura o prisión política entre 1973 y 1989 sufrió violencia sexual. Tanto el
informe Rettig, como el informe Valech, las investigaciones judiciales, periodísticas
y psicológicas respaldan la existencia de violencia sexual. Aun así, la
diputada decide no creer y no contenta con eso, decide tildar públicamente de
leyenda urbana la realidad dolorosa de mujeres que por ejemplo, tienen recuerdos
y experiencias en la Venda Sexy, ex centro de tortura de la capital.
Lo que hace la diputada Gloria
Naveillan forma parte de un aparataje discursivo que se ha radicalizado en el
actual distopico escenario conmemorativo. Los congresistas que hoy legislan
gracias en estricto rigor al principio democrático, la separación de poderes
del Estado y la idea de representatividad y pluralismo deciden leer la
declaración del 22 de agosto de 1973 que realizó la cámara de esa época. Un texto
que llama a la intervención de los militares en la política. Que manifiesta las
intenciones golpistas. Es más, algunos piden que se reparta en las escuelas,
como un documento valioso para entender el golpe. Lo que se escapa a esa escala
de razonamiento es que entender no es lo mismo que justificar, el que, en
estricto rigor, es el verbo que buscan ejecutar realmente. Si justificamos el
golpe de estado, nos volvemos una sociedad golpista y en ese sentido, ¿Tiene
sentido la democracia? ¿Tiene sentido el propender una sociedad en comunidad,
tolerancia y con un sentido de promoción de los DDHH? ¿es congruente o hipócrita?
Por ahí algunos señalaran que Allende promovía la dictadura marxista, claro que,
sin censura de medios de comunicación, ni policía secreta y tampoco el cierre
del congreso.
Con la lluvia se ve hermosa
nuestra cordillera de los sueños como la bautizo el recién galardonado Patricio
Guzmán. Tomo aire fresco mientras veo que se relativiza el dolor de quienes
tienen un luto inconcluso, que nos vuelven a tildar de resentidos, que nos
piden que demos vuelta la página. Osan con decir que la dictadura fue a la
larga, lo mejor para Chile. Pienso en el Father McEnroe y siento mas que nunca
que dios ya no esta aquí.
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